Durante las últimas décadas se han recetado diferentes fármacos para dormir. Uno de los más populares ha sido las benzodiacepinas, como el Orfidal, el Trankimazin, el Rivotril o el Diazepam.
Hablemos un poco de las benzodiacepinas (BZD). Si bien pueden ser moderadamente efectivas a corto plazo, tarde o temprano pierden por completo su eficacia. Esto sucede porque, con la ingesta continuada de estos fármacos, el cerebro se acostumbra a sus efectos.
Las BZD, además, reducen el sueño profundo y aumentan el sueño ligero. Esto significa que puede que nos durmamos más rápido y nos mantengamos dormidos más fácilmente durante la noche, pero la calidad del sueño será peor y más superficial.
Si tomas con frecuencia las BZD, en dosis altas y durante mucho tiempo, puedes desarrollar dependencia física y experimentar síntomas de abstinencia al dejarlas, como nerviosismo, dolores de cabeza o incluso convulsiones, sobre todo si la suspensión se produce de forma brusca.
Con la ingesta regular de las BZD también se desarrolla tolerancia, lo que significa que se requerirán dosis mayores para que el medicamento pueda seguir siendo efectivo.
En la actualidad, se han aprobado algunos nuevos fármacos para inducir el sueño que parecen producir una menor adicción, o síndrome de retirada, que las BZD. Son los llamados «antagonistas de los receptores de la orexina» (ARO’s). Todavía no se sabe demasiado sobre su efectividad y efectos a largo plazo. Por supuesto, cualquier innovación que contribuya a paliar el problema del insomnio es bienvenida, pero no olvidemos el principio fundamental de nuestro método: el problema de fondo es psicológico o mental.

