Consejos para manejar la ira: Parte 2

Hola amig@s!!

hoy toca la 2ª parte sobre el manejo de la ira, ahora ya tenéis toda la información para hacerle frente!!

Un abrazo,

Hay una anécdota interesante relacionada con el manejo de la ira de nuestro querido Epícteto, nuestro filósofo de referencia: cuando era esclavo, en su juventud, su amo -quien le tenía mucho aprecio por su amabilidad y sus sabios consejos- dejó que su rabia se desembocara y la proyectó sobre Epícteto, en forma de una soberana paliza. Mientras maltrataba a su estimado esclavo, éste se mantenía impasible, en un estado de ataraxia total. Cuanto más impávido se mostraba, más fuerte le atizaba su amo, hasta que, extenuado, dejó de pegarle y se marchó a sus estancias dejando al pobre Epícteto maltrecho. Otro esclavo, compañero de nuestro protagonista, quien presenció toda la escena, se le acercó y le preguntó cómo era posible que pudiera mantener esa posición ante tal agresión. Epícteto le dio dos buenas razones: “la primera -le explicó-  porque pude aplicar a un nivel muy profundo los fundamentos de la aceptación incondicional de los demás…”. Es decir, entendía que todo el mundo comete fallos, todas las personas somos falibles, en algún momento todos somos susceptibles de volvernos “locuelos” y reaccionar de una manera equivocada, él mismo también lo hacía a menudo, además, en este caso concreto, entendía que era preferible que su amo no proyectara su ira contra él de esa manera, pero que exigirlo, en su situación de esclavo, no era realista. “Y segundo, no le voy a dar el poder de que sus irracionalidades me afecten…”, sentenció nuestro amigo.

A continuación os facilitaré algunas técnicas concretas para aplicar cuando la ira se apodere de vosotros:

Considera que “siempre estoy a tiempo de rectificar”. Una de las preocupaciones que nos encontramos en las consultas con los pacientes que presentan problemas de rabia es que nos exigen que les brindemos las claves definitivas, las técnicas infalibles o la pócima mágica que erradique de una vez por todas la ira de sus vidas. Esto es irreal, como os decía en el anterior artículo, se trata de una emoción evolutiva y necesaria que no hay que negar, sino redirigir. Y siempre estamos a tiempo de reconducirla, aunque hayamos metido la pata hasta el fondo, siempre estamos a tiempo de enmendar lo estropeado, corregir nuestros errores, reponer lo que hemos roto, etc. Esta actitud sale mucho más a cuenta, sin duda, que abrir la puerta del terreno de la culpa, la vergüenza y el desprecio propio. Es mejor abrir la puerta de la responsabilidad.

Piensa que, aunque tengas ganas de desplegar toda tu ira, eso no te conviene. Reflexiona en torno a “¿cómo me gustaría que me recordaran mis hijos, mi pareja, mis amigos o mis compañeros?”, “Si me grabaran ahora los del programa de televisión de Hermano Mayor, ¿cómo saldría?, ¿estaría orgulloso de ello?, ¿es la persona que quiero ser?, ¿así quiero ser recordado?”.

Técnica del volcán. Tienes que aprender a identificar tus sensaciones, la rabia es como un volcán, pasa por diferentes niveles antes de entrar en erupción. Hay que identificar dónde está la ira, dónde se concentra -por ejemplo, en el pecho, en la garganta, etc.- o imaginar también que es como un semáforo, es conveniente reconocer dónde nace, cuándo nace y antes de que llegue al rojo, es el momento de hacer un STOP, debes parar y hacer un TIEMPO FUERA (salir de la habitación, por ejemplo) y acceder al debate de las claves racionales *(las del artículo Parte 1: consideraciones racionales en torno a la ira, localizables en este mismo blog) y en las *ventajas e inconvenientes de seguir poniéndome como una fiera.

También puedes aplicar la técnica de quitarte la tensión apretando los puños y estirando las manos rápidamente, como si estuvieras salpicando, durante 30 veces, ni una más, ni una menos. Tiene su sentido, está demostrado que practicar este ejercicio es muy útil para desactivar la adrenalina y sacarle carga a la emoción cuando ésta vaya a hacer acto de presencia.

Respirar, con el método 5″-7″-10″ (5 segundos inspirando lentamente con el diafragma, 7 segundos conteniendo la respiración y 10 segundos exhalando sin prisa) en el momento que se presenta o se vaya a presentar la rabia, durante varios minutos, repitiendo el ciclo. Opcional: practicarlo dos veces al día, a razón de 6 minutos cada vez. También puedes utilizar otros métodos de relajación que tú prefieras o con los que estés más familiarizado.

Cámbiale de forma a la emoción con la imaginación: localiza la emoción o el síntoma que supone malestar en tu cuerpo. Otórgale, con tu imaginación, una forma desagradable, por ejemplo, formada con una textura ruda, rugosa, áspera, con pinchos, una temperatura fría, una composición metálica, un color gris, o negro. Luego le vas dando una forma, poco a poco, algo más amable, con una textura más lisa, más redondeada, una temperatura más cálida, como cuando acogen tus manos frías con otras más cálidas, o como cuando te las calientas con una taza de un té. A continuación le das un color más suave, como colores pastel, por ejemplo, más bonitos. Todo esto, a la vez que vas respirando, cada vez que exhalas es como si expulsaras un humo en el que se va todo lo malo de esa emoción.

Claudio M. López Mora

Psicólogo Colaborador del Centro de Terapia Breve de Rafael Santandreu

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