El mundo en el que vivimos se ha vuelto superexigente. A nivel planetario, ponemos en peligro la supervivencia de la Tierra a base de exigir más y más producción de bienes de consumo. Y a nivel personal nos exigimos tener muchas capacidades: ser guapo, deportista, inteligente, hábil para los negocios, excelente madre o padre… Estas cualidades no son malas en sí mismas, está claro que son rasgos positivos, pero cuando las convertimos en exigencias irrenunciables, aparecen los problemas psicológicos, la tensión, el estrés…, y una gran fuente de este estrés es exigirse hacer las cosas bien.

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Imagen sacada de: taringa.net

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