Mucha gente come para compensar un malestar emocional. Están tristes y engullen un pastel. Están ansiosos y devoran una pizza.
Comer emocionalmente es siempre una tontería. ¡Cualquier cantidad, sea poco o mucho! Si es poco, porque esa distracción será demasiado fugaz. Y si es mucho, porque provocará un problema enorme que me hará estar peor. Por eso jamás como emocionalmente.
Por el contrario, cuando estamos perturbados por algo, tenemos dos buenas opciones:
1) Ocuparnos del problema de inmediato.
2) Tolerar las emociones negativas hasta que se pasen.
Lo primero consiste en ponerse a trabajar para aprender a solucionar problemas y hacernos así más maduros, es decir, cómo aprender a ver los problemas como retos interesantes y disfrutar con todo lo que nos trae la vida.
La segunda opción, que tampoco está nada mal, consiste en
emplear el malestar para hacernos más fuertes por la vía conductual.
Exponiéndonos a las emociones negativas, sin tocarlas, ganamos tolerancia a ellas. Sin defendernos, sin taparlas. Con el pasar del tiempo, la tristeza, la ansiedad o la vergüenza irán perdiendo fuerza. Es una técnica infalible que nos hace cada día más y más fuertes. Esa exposición con completa aceptación educa la mente.

Fuente: clinicaatlasalbacete.com
