Vida ermitaña

Hola amig@s!!

hoy os traemos un texto muy interesante sobre la vida de los ermitaños que esperamos os resulte muy inspirador.

Un abrazoo

Hoy queremos hacer un pequeño homenaje a la vida de los ermitaños. Esas figuras que históricamente se han retirado para experimentar una vida más detenida y pausada, más reflexiva y espiritual. En nuestro país, la tradición cristiana ha inspirado a numerosas personas a emprender este estilo de vida. Ahora, en pleno siglo XXI, la palabra emprendimiento va asociada a gente atareada con mil proyectos, mil ideas, casi una carrera contrarreloj para conseguir lanzar proyectos hacia adelante. Proyectos que, en incontables ocasiones, idolatran al Dios del dinero y las prisas. Este es uno de los motivos por los que ahora la gente sufre tanto estrés y ansiedad. Exactamente lo contrario de lo que pregonaban estos amantes del recogimiento y la meditación. 

Para tal homenaje, vamos a centrarnos en la vida de un hombre que vivió hace siglos: Juan de Atarés. La leyenda sobre este personaje histórico del siglo VII dice que un día a Juan se le presentó un hombre desconocido que no era otro que el propio diablo y lo tentó con riquezas y poder. No obstante, Juan no le hizo caso y lo rechazo en cuerpo y alma, por lo que, acto seguido, se le presentó un ángel para felicitarlo por su fuerza y pureza de espíritu. Después de tal aparición, Juan dejó su pueblo en el Alto Aragón y se internó en el Monte Pano, alojándose en una cueva, donde instaló un pequeño templo dedicado a San Juan Bautista. Allí vivió en soledad una buena vida dedicada a la oración y a la naturaleza.

Un siglo más tarde, un joven noble de nombre Voto, que andaba perdido por aquellas tierras, encontró la cueva y se internó en ella. Allí encontró el cuerpo ya sin vida de Juan, junto a su pequeño templo dedicado a San Juan Bautista y una inscripción donde rezaba: “Aquí yace Juan, que vivió una vida dedicada a Dios, junto al cual ahora descansa”.

Tras quedar impresionado por la historia de Juan, Voto y su hermano Félix abandonaron su posición de nobles en la Zaragoza del siglo VIII y se dedicaron a seguir los pasos de Juan de Atarés, dándose a la vida calmada, tranquila y alejada de todo lujo innecesario en aquella cueva, cerca de Jaca.

Justo en ese lugar, en la cueva en la que hace 13 siglos Juan se internó para alejarse de los lujos y centrarse en su crecimiento espiritual, ahora encontramos el monasterio de San Juan de la Peña, una preciosa obra arquitectónica del S.XI que es todo un deleite para los sentidos. Internado en la roca y usando la misma cueva donde Voto encontró el pequeño y sencillo templo (creado por un hombre sencillo, como Juan de Atarés) fue construido el monasterio, que fue ganando importancia a través de los años y del cual se dice que incluso llegó a albergar el Santo Grial durante años. En el pirineo aragonés, dicho monasterio nos transporta en el tiempo a un entorno de fantasía, un sueño bucólico que nos aleja del bullicio de la vida moderna y nos anima a disfrutar de todos los sentidos. En entornos como este, nuestro cuerpo y nuestra mente se relajan, se olvidan de las prisas de la modernidad y se centran en el autoconocimiento y el regocijo de los sentidos. Pasando un día allí, parece que nos convertimos en ermitaños del siglo XXI, tal es la magia del lugar. El verde y el ocre nos transportan, mientras la humedad nos enfría la nariz en cada respiración, el sonido de los pájaros nos recuerda las mil y una caras de la vida y la temperatura nos eriza los pelos.

¿Cuáles son, entonces, las cualidades de la vida del ermitaño que nos permiten experimentar mayor  bienestar y felicidad? Pues la sencillez y la austeridad de la vida eremita nos anima a descubrir que la felicidad y el bienestar ya son cualidades intrínsecas a la condición de todo ser humano. Cuando el ser humano se libra de presiones y exigencias, cuando se dedica a la tarea simple de vivir desde la sencillez, se descubre el hombre feliz de vivir y calmado al ver que está donde debe estar. Alejado de la presión por las prisas, los éxitos, los logros, la aprobación, el motor del hombre se relaja y se sincroniza con su naturaleza: una naturaleza que lleva millones de siglos funcionando maravillosamente bien, sin la presión tanto externa como interna tan frecuente en nuestros tiempos.

Antonio Soto

Psicólogo Colaborador del Centro de Terapia Breve de Rafael Santandreu

2 comentarios en “Vida ermitaña

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