El roble

Hoy os dejo un cuento para que reflexionéis sobre el mensaje.
 
En lo alto de la colina había un bonito bosque de robles. Todas las semanas, los carpinteros pasaban por allí y escogían algunos para cortarlos y hacer fuertes vigas. Pero nunca se pararon ante uno que, aunque grande, se levantaba curvándose por todas partes. ¡Ni su tronco ni ninguna de sus ramas estaban rectas! Los carpinteros pensaban:
—Ese árbol no dará ni una sola tabla decente.
También acudían allí los buscadores de leña e igualmente despotricaban del roble:
—Esas ramas retorcidas arrojarán un humo pestilente.
Y algo parecido opinaban los escultores:
—¡Tiene demasiados nudos! No sirve para ser tallado.
Y tras varios siglos y muchísimas visitas de carpinteros, leñadores y escultores, desapareció el bosque entero, a excepción de aquel gran árbol retorcido.
Durante el día, los niños jugaban a su sombra. Y durante la noche, los hombres charlaban sentados a su vera.
Un buen día, un anciano apesadumbrado preguntó:
—¿De qué sirve ser inútil?
Y un amigo, señalando hacia arriba, respondió:
—Mira sobre tu cabeza. Hace mucho se levantaba aquí todo un bosque. Ahora sólo queda este ejemplar. Si no hubiese sido inútil en su día, ahora no tendríamos este maravilloso verdor al que acogernos.
 
Este cuento ejemplifica un concepto esencial a la hora de combatir la ansiedad de rendimiento. Se trata de aprender a ser como el árbol de esta historia: imperfecto pero natural; fallón pero amoroso. Un ser vivo único y fantástico.
 
Fuente: awentis.com

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