Fuente: puedesempezarhoy.blogspot.com

Me doy permiso

Hola amig@s!

Hoy os traemos un texto muy interesante sobre una de las creencias irracionales más extendidas en nuestra sociedad, la felicidad eterna. Espero que os guste

Un abrazo!

Vivimos en una sociedad neurótica. Anuncios de televisión que muestran personajes (que no personas) proyectando valores trampas, un Sistema educativo que deja en el cajón de sastre asignaturas de inteligencia emocional y se basa en la capacidad memorística de los alumn@s (“la letra con sangre entra”), una tendencia a la medicalización de la vida (¿te ha dejado tu pareja? Una pequeña pastilla te hará sentir mejor!), horarios laborales que no contemplan la conciliación de la vida laboral y la familiar, escaparates de ropa con maniquíes desnutridos, y un largo etcétera de irracionalidades.

Una de las creencias irracionales más en auge es la idea de la euforia eterna!

Has de estar siempre bien!! Has de ser positivo siempre! “Selfie” diario de tu vida espectacularmente hermosa y perfecta. 24 horas de felicidad extrema los 365 días del año. Pobre del que se le ocurra decir que tiene un pequeño bajón o un mal día….necio insensato…a la hoguera!!! ¿Cómo osas mostrar eso?

Y en este punto parémonos por favor.

Respiremos hondo.

Conectemos con la vida.

No restaría un ápice de dolor a la tristeza porque ella me permite valorar la alegría. No negaría nunca un arrepentimiento sincero pues me concede el autoconocimiento. No destruiría el enfado porque me posibilita el respeto hacía lo que quiero y siento.

Las emociones negativas son sanas. Sí, sanas y necesarias. Y las tenemos por el único –y espectacular-  motivo de que estamos vivos. Negarlas sería aniquilar la luna y la noche para vivir en un eterno día soleado. ¿Cómo podría entonces entender qué es el Sol y disfrutar de sus rayos en mi piel?, ¿Cómo podría?

Pero (suerte de palabra!) hay una gran diferencia entre mantener emociones negativas sanas y emociones negativas insanas. Equilicuá! Este es el secreto….

¿Cuál es la diferencia? Podríamos considerar como emociones negativas insanas la ansiedad, depresión, culpa, vergüenza y la ira. Las emociones análogas sanas de éstas serían la inquietud, la tristeza, el arrepentimiento, la incomodidad y el enfado. ¿Veis la diferencia? ¿A qué no actuamos igual cuando tenemos ira (emoción desbordada, muy intensa, la cual nos impide pensar con claridad) que cuando sentimos enfado? Cuando tenemos una emoción negativa insana estamos mantenimiento creencias irracionales. Estamos manteniendo exigencias a la vida, a los demás o hacia nosotros mismos. Cuestionad esas creencias y generad emociones alternativas sanas aunque sigan siendo negativas!

Así pues cuando tengáis una emoción negativa insana pensad ¿este pensamiento que mantengo y que me produce esta emoción insana, me está ayudando a solucionar lo que me pasa?, ¿De qué me sirve mantener ese pensamiento y emoción?, ¿Es un pensamiento racional o irracional?, etc.

Pero permitiros tener emociones negativas sanas sin juzgaros! Somos humanos y como tales, nuestro repertorio emocional implica sentir, en ocasiones, emociones negativas.

Permitiros tener un mal día!! Mala suerte!! Como dice Rafael….ese día apagad el ordenador pronto y al día siguiente…..quizás haga Sol y más tarde aparecerá la Luna….Maravilloso, ¿no creéis?

Silvia Borreguero

Psicóloga Colaboradora del Centro de Terapia Breve de Rafael Santandreu

Recordad que los pensamientos producen las emociones.

Fuente: fanquimistas.com

Una de las formas de mantener la salud mental en este mundo, es disfrutando de los bienes materiales sabiendo que no los necesitamos. ¡Ahí va una historia de Nasrudín!
 
Mientras caminaba por unas montañas solitarias, el sabio Nasrudín descubrió una piedra preciosa.
<<¡Qué suerte!, pensó, y decidió que la vendería en el mercado de su ciudad. Con su valor, podría comprarse una gran casa con terreno y corrales para el ganado. Con esos pensamientos, la metió en su bolsa de viaje.
Al día siguiente, se topó con otro viajero. Se trataba de un hombre pobre, que vagaba por el mundo sin esperanza.
Sin pensarlo, Nasrudín abrió el bolso para compartir sus alimentos con él.
Tras recuperar las fuerzas, dijo el viajero:
-Señor, he visto un gran brillo en el interior de vuestra bolsa. ¿Qué lleváis ahí dentro?.
-Es una piedra preciosa que encontré ayer en las montañas- respondíó el sabio-. Con ella, compraré una hermosa morada.
-¡Qué buena suerte!. Nunca seré yo tan afortunado.
Nasrudín se rascó la cabeza y en uno de sus típicos gestos de generosidad, sacó la piedra y se la ofreció al viajero.
-¡No me lo puedo creer!. Sois el mejor hombre que he conocido nunca-gritó emocionado el pobre.
El viajero reanudó su ruta, feliz con su nueva fortuna, y Nasrudín puso rumbo a su ciudad, ya a sólo un día de camino.
Pero al cabo de unas horas, nuestro sabio oyó gritos a su espalda. Era el viajero de nuevo, acalorado y lleno de excitación:
-Señor, he estado pensando acerca del valor de esta piedra y quiero devolvérosla. Lo hago con la esperanza de que me deis a cambio algo que poseéis y que es mucho más valioso.
Nasrudín lo miró sorprendido y expectante.
El pobre continuó diciendo:
-Quiero que me deis eso que os permitió regalarme esta piedra preciosa sin dudarlo un instante.
 
Fuente: joya.life

A continuación se pueden leer las cinco renuncias fundamentales que hemos de llevar a cabo para convertirnos en personas saludables. Las he enmarcado dentro de una pirámide que asciende en dificultad. Todos los días, a modo de repaso, podemos comprometernos con ellas. Puedo asegurar que si nos convencemos de que no necesitamos estos cinco bienes claves, nos convertiremos en personas excepcionalmente sanas.
 
La primera renuncia, la más básica, es la de la seguridad económica. Se trata de comprender que podríamos ser muy felices sin dinero —eso sí, siempre y cuando tengamos cubierto el asunto de la comida y la bebida—. Si no somos capaces de vernos bien en el caso de que nos quedemos sin trabajo, siempre tendremos miedo de perder el que tenemos, nos estresaremos con facilidad y no podremos disfrutar plenamente de él.
 
Siempre que surja el estrés laboral o nos atemorice un informe o una reunión con el jefe, la solución es la renuncia; comprender que, en realidad, nunca hemos necesitado el empleo.
 
El resto de necesidades ascienden en dificultad. ¿Cómo sería no necesitar aprobación ni compañía? Yo tengo un amigo que vive retirado en el campo con sus dos perros y apenas ve a nadie. Es feliz con la naturaleza y la cultura a la que accede a través de internet. Como comprobaremos, la madurez exige saber ser feliz en completa soledad.
 
Y podemos seguir quitándonos necesidades de encima hasta el extremo de renunciar a la vida. En realidad, no es tan difícil aceptar que la vida es un tránsito rápido y que no existe ninguna obligación de vivir mucho. No temer a la muerte es fundamental para no ser hipocondríaco y llevar bien las pérdidas de los seres queridos. Pero también para vivir con pasión el presente, como si no fuese a haber mañana.

 

El valor de la amistad

¡Hola amig@s!

Según Rafael Santandreu el valor del ser humano se basa en la capacidad para amar, a sí mismo, a la vida y al prójimo, no en las cualidades trampa, como el tener una carrera universitaria, ser guapo, tener dinero, etc.

Quiero compartir con vosotros un cuento de Paulo Coelho sobre el valor de la amistad, para que reflexionéis sobre el valor de la amistad, la capacidad de amar y el valor del ser humano.

Un abrazo,

Un Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…).

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:

Buenos días.
Buenos días – Respondió el guardián
¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
Esto es el cielo.
¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles.

A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

Buenos días – dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo
Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar.
Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre
Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste.
A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
CIELO.
¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el caminante.
¡De ninguna manera! – increpó el hombre
En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…

Mar Martin

Psicóloga Colaboradora del Centro de Terapia Breve de Rafael Santandreu

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