Cuando estamos aquejados de ansiedad o depresión —o cualquier síntoma— pensamos que ese «desastre emocional» nos va impedir llevar una vida normal. Y si estamos en una cafetería y entran unos muchachos alegres, sosegados, llenos de energía vital, les miramos con envidia y tristeza: «¡Soy un enfermo! Todo el mundo tiene sus facultades en su sitio y puede disfrutar de la vida».
 
Pero ésa no es la forma racional de encarar el tema. Por el contrario, tenemos que decirnos: «Mi vida va a cambiar. A través de la virtud, estos síntomas me van a hacer descubrir la cuarta dimensión de la existencia, que es un lugar mucho mejor».
 
Fuente: avfenix8237.blogspot.com.es

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