Una de las formas de mantener la salud mental en este mundo, es disfrutando de los bienes materiales sabiendo que no los necesitamos. ¡Ahí va una historia de Nasrudín!
 
Mientras caminaba por unas montañas solitarias, el sabio Nasrudín descubrió una piedra preciosa.
<<¡Qué suerte!, pensó, y decidió que la vendería en el mercado de su ciudad. Con su valor, podría comprarse una gran casa con terreno y corrales para el ganado. Con esos pensamientos, la metió en su bolsa de viaje.
Al día siguiente, se topó con otro viajero. Se trataba de un hombre pobre, que vagaba por el mundo sin esperanza.
Sin pensarlo, Nasrudín abrió el bolso para compartir sus alimentos con él.
Tras recuperar las fuerzas, dijo el viajero:
-Señor, he visto un gran brillo en el interior de vuestra bolsa. ¿Qué lleváis ahí dentro?.
-Es una piedra preciosa que encontré ayer en las montañas- respondíó el sabio-. Con ella, compraré una hermosa morada.
-¡Qué buena suerte!. Nunca seré yo tan afortunado.
Nasrudín se rascó la cabeza y en uno de sus típicos gestos de generosidad, sacó la piedra y se la ofreció al viajero.
-¡No me lo puedo creer!. Sois el mejor hombre que he conocido nunca-gritó emocionado el pobre.
El viajero reanudó su ruta, feliz con su nueva fortuna, y Nasrudín puso rumbo a su ciudad, ya a sólo un día de camino.
Pero al cabo de unas horas, nuestro sabio oyó gritos a su espalda. Era el viajero de nuevo, acalorado y lleno de excitación:
-Señor, he estado pensando acerca del valor de esta piedra y quiero devolvérosla. Lo hago con la esperanza de que me deis a cambio algo que poseéis y que es mucho más valioso.
Nasrudín lo miró sorprendido y expectante.
El pobre continuó diciendo:
-Quiero que me deis eso que os permitió regalarme esta piedra preciosa sin dudarlo un instante.
 
Fuente: joya.life

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