Hace años, unos investigadores llevaron a cabo un curioso estudio para evaluar la capacidad de los niños para soportar las frustraciones. Su hipótesis era que los niños que aguantaban mejor las situaciones de malestar tenían una psicología diferente: eran más fuertes y, luego, se convertían en adultos más sanos y capaces.
 
Este estudio, además de confirmar la hipótesis inicial, añadió más informaciones útiles: los niños con alta resistencia a la frustración eran mentalmente equilibrados, no sólo durante su niñes, sino también durante su etapa adulta. Y no sólo eso: también eran más agradables en compañía de otros niños y más abiertos a nuevas experiencias.
 
Este experimento demuestra algo que todos hemos comprobado en nuestra vida cotidiana: tener tolerancia a la frustración es una de las habilidades esenciales de las personas. La tolerancia a la frustración nos permite disfrutar más de la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos por las cosas que no funcionan.
 
Aunque sea una habilidad que principalmente se adquiere en la infancia, también se puede aprender. Como siempre, la clave está en CAMBIAR NUESTRA MANERA DE PENSAR.
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Fuente: guiainfantil.com

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