La naturaleza chispeante del ser humano

Las personas nacemos con una gran capacidad para la felicidad. No hay duda de eso. Y, podemos mantenerla a lo largo de toda nuestra vida, incrementarla y expandirla de forma sorprendente.

¿Quieres pruebas? El carácter alegre, curioso, juguetón y lleno de vida de los niños. Casi la práctica totalidad de esos lindos renacuajos tienen un impulso tremendo hacia el divertimento y el amor. Los niños son chispeantes, de forma constante y punzante, como pelos de la barba, que por mucho que los cortes, vuelven y vuelven a salir.

¡Y todos hemos nacido así!

Y esa fuerza motriz se puede mantener intacta hasta la muerte. La prueba fehaciente la tenemos en los cientos de personas que todos hemos conocido que siguen siendo así con sesenta, setenta y cien años.

Hace un tiempo conocí a una de esas personas, a un campeón de la felicidad. Se trataba de José María, un señor de ochenta y cinco años, que había sufrido años atrás una colostomía, la extirpación de parte del intestino. Ahora llevaba una bolsa sujeta al abdomen por donde defecaba.

Como decía él, “le habían cerrado el ano”. Pero siempre lo explicaba con una sonrisa. José María formaba parte de un grupo de voluntarios de la Escuela del Paciente de la Junta de Andalucía. Se dedicaba a animar a “colostomizados novatos”, como él decía, para que se diesen cuenta de que no había ningún problema en la nueva situación.

Él, que hacía más de treinta años que llevaba la bolsa, era el hombre más feliz del mundo. A sus ochenta y cinco años, seguía con su afición a los viajes en moto y era un personaje reconocido en su ciudad por sus actividades de voluntariado y ayuda social.

José María es una persona radiante, simpática hasta el no va más, emprendedora y entusiasta. Durante nuestra conversación me explicó que acababa de descubrir una nueva pasión: la cocina. Y que los domingos estaba organizando comidas para 10 personas y que me invitaba a probar sus delicias junto a sus amigos.

José María, siempre impoluto con su americana y corbata a juego, su amplísima sonrisa y sus ganas de introducirte en su mundo de proyectos y amor, ha retenido la gran capacidad de su niño interior de amar la vida. La buena noticia es que todos podemos hacerlo.

rafael santandreu

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