REFLEXIONES DE MÓNICA: IMPORTANTE!!! NOS MUDAMOS DE PLATAFORMA

Hola amigos por cuestiones técnicas tenemos que cambiar de dirección. A partir de ahora nos encontraréis en esta nueva dirección:

https://tertulias-escuela-felicidad.blogspot.com

En los próximos días sólo podréis acceder a través de esta dirección, así que ya podéis actualizar vuestros exploradores con la nueva dirección y suscribiros al nuevo blog.

Disculpad los problemas técnicos que os podáis encontrar estos días, se está trabajando para solucionarlos.

Ya veréis que la nueva plataforma nos va a dar pie a trabajar más en equipo y a colgar artículos de gran interés!!, seguimos con nuestro proyecto y más a lo grande!!! os animo a participar activamente en la nueva plataforma que es igual de sencilla que esta. Para cualquier duda, sugerencia o aportación no dudéis en escribirme a: tertulias.edf@gmail.com que ya sabéis que contesto todos los emails!!

Un beso a todos y nos vemos ahora mismo en la nueva dirección!!!!

Mónica Simón

REFLEXIONES DE MONTSE: LA VERTICALIDAD DEL HORIZONTE

Hace apenas un par de semanas estaba en Nueva York. Una mañana, camino del Albert Ellis Institute me senté en la terraza de la Biblioteca Pública para tomar un café mientras disfrutaba de la placidez del parque a esa hora temprana. Al poco se acercó un señor y se sentó en la mesa de al lado. Tras los “buenos días” iniciamos conversación y al decirle que venía de España miró al cielo y con voz queda dijo: vosotros vivisteis el 11M, nosotros el 11S. Sin una palabra más, nos despedimos intercambiando una sonrisa tenue. Miré el cielo de Manhattan y era de un azul intenso.

Las palabras de aquel hombre pronunciadas bajo el paraguas de una mirada rebosante de solidaridad, se traducían en un simple “ya sabes” y me llevaron a pensar en la soledad emocional que experimentamos cuando ante un revés de la vida reaccionamos con un sentimiento rotundo de desamparo y muchas veces nos sentimos incomprendidos como si nuestra amargura fuera ajena al entendimiento del resto del mundo. Un vacío inescrutable, -que a veces es incluso físico-, se instala en nosotros y no acertamos a encontrar el camino hacia la salida. Descorazonados, nos parece que la vida continúa de forma más o menos amable para todos excepto para nosotros y pensamos que nos va a resultar imposible sobreponernos a lo que juzgamos como una completa desolación. Hacemos una correlación automática entre sucesos y consecuencias, que aunque puede resultar inevitable en el momento inicial, su mantenimiento en el tiempo dará lugar a un pensamiento intrusivo, tan obstinado que ni siquiera seremos conscientes de él, sólo de nuestra aflicción.

Cuando eso sucede hay una “zona cero” en algún lugar inidentificable de nuestro ser. Así es como nos sentimos. Percibimos nuestra realidad como un solar devastado en el que los proyectos e ilusiones de antaño han quedado calcinados y somos incapaces de vislumbrar un mínimo atisbo de esperanza. Nuestra capacidad de acción se nos antoja secuestrada por la intensa carga emocional y nos encontramos a merced de un diálogo interno que se empeña en sentenciar un futuro sombrío del que nos asegura que no podremos librarnos. En esas condiciones, tendemos a extrapolar un suceso desdichado a la totalidad de nuestra vida, saltando del “estoy pasando una mala racha” al “yo no tengo remedio y mi vida tampoco”. Se trata de la autocondenación. Nos auto-condenamos a la infelicidad sin cuestionamos si lo que pensamos es necesariamente verdadero.

Puede que en un amago de supervivencia mental, busquemos respuestas en la teoría. Nos abalanzamos a la lectura de libros que creemos que nos resultarán útiles, con la sana pretensión de obtener los conocimientos necesarios para volver a experimentar la felicidad. ¡Descubrimos que existen herramientas! Sin embargo, suele sucedernos que la distancia entre el conocimiento y la acción se nos hace insalvable. Entonces pensamos que lo que funciona en la teoría no funciona en la práctica. Einstein decía que “La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué”.

Sea cual sea la circunstancia que estemos viviendo, para sobreponernos hay que empezar por contemplarla como lo que en verdad es: una circunstancia pasajera, no la totalidad de nuestra vida. Si nos encontramos en un sumidero desde el cual apenas nos atrevemos a levantar la vista, no nos ayudará bajar la cabeza y lamentarnos por lo que ha ocurrido y por dónde o cómo estamos. El “pobre de mí” nos mantiene anclados en la indolencia y no nos permite hacernos conscientes de que en cualquier páramo podemos volver a edificar una nueva vida. De nada sirve seguir contemplando el horizonte si lo vemos vertical. La presunta verticalidad de nuestro horizonte es el resultado de la fosilización de nuestras acciones, ya sean mentales o comportamentales. ¿Podemos empezar por ladear la cabeza para recuperar una perspectiva real de nuestra situación mirando solamente el presente? Una vez recuperada, estaremos en disposición de intervenir en nuestro presente para empezar a salir de ese vacío en el que se ha convertido nuestra vida como lo han hecho todas aquellas personas que han enfrentado sus tragedias.

¿En qué consiste ese “como lo han hecho”? La respuesta que hoy os traigo me la ha hecho llegar un hombre enamorado de la mar a quien desde aquí quiero agradecer este valioso regalo que merece ser compartido con todos vosotros. Se trata de la columna de Manuel Vicent que reproduzco a continuación y que fue publicada por el autor en 2004, días después del 11M. Vicent transmite de una forma bellísima el mensaje de que las desdichas, a pesar de azotarnos y amenazar nuestra estabilidad, son transitorias. Y que la sabiduría para lograr salir airosos es establecer metas cortas y realizables, aceptando que para llegar a buen puerto no hay más remedio que enfocar nuestro esfuerzo en recorrer tramo a tramo la travesía. Un mensaje maravilloso, pero sobre todo excepcionalmente útil para iniciar la tarea de reconstruirnos. Con los primeros logros nos sorprenderemos alzando la mirada para reconocer que el cielo vuelve a ser azul tras la tempestad.

Las Olas

El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas. Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. Si en medio de un gran temporal el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concreta que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero.

Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo. Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzadas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados.

Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado de sol pero no vencido. La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.

Manuel Vicent, 28 de marzo del 2004

Montse Rovira

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REFLEXIONES DE PILAR G: ATAQUE A LA VERGÜENZA

En las salas de espera de un hospital de mi barrio, han habilitado unas pantallas en las que van a apareciendo unos números que informan a los pacientes de su turno para ser atendidos. En una máquina situada en la recepción del hospital, cada persona citada recoge un papelito en el que figura un número, cuando éste coincide con el de la pantalla, es el momento de entrar a la consulta.

Esta mañana, yo estaba esperando mi turno cuando un señor, de repente y para sorpresa de todos los allí presentes, dijo en voz alta el número que en ese momento se hallaba en el panel: “¡El 215!”. Unos minutos más tarde, el número de la pantalla cambió y él volvió a decir: “¡El 216!”,  entonces casi todos los que estábamos en la sala le miramos y él añadió: “Es que me han contratado para ir diciendo los números”. 

Ante esta situación, un tanto absurda, es muy posible que muchos de los que se encontraban en la sala pensaran que ese hombre estaba chiflado, sin embargo, a mí me dio por pensar que tal vez estuviera realizando uno de los famosos ejercicios de ataque a la vergüenza que Albert Ellis ideó en la década de los 60.

La finalidad de estos ejercicios es reforzar la autoaceptación incondicional, es decir, la creencia de que nuestro valor como persona es inalterable y solo condicionado a estar vivo. Si no pensamos así, nos valoraremos positivamente solo si nuestros actos son buenos y si obtenemos el reconocimiento de los demás, y nos menospreciaremos cuando alguno de nuestros comportamientos sea malo o cuando los demás nos desaprueben. 

Por lo general, experimentamos vergüenza cuando hacemos algo ridículo y si además somos criticados duramente por hacerlo, sentiremos que no solo el acto en sí es reprobable, sino que creeremos que nosotros, como seres humanos, somos despreciables. Nos odiaremos y nos sentiremos culpables por habernos comportado así, repitiendo en un futuro esa forma de actuar, porque consideraremos que una persona tan ridícula e inadecuada como nosotros será incapaz de comportarse de otra manera.

Este tipo de ejercicios consisten en pensar en algo embarazoso, loco o disparatado, pero que no nos ocasione problemas reales, y hacerlo públicamente. Albert Ellis proponía pasear una banana atada a una correa como si fuera un perro, preguntarle a un desconocido por una calle estando ya en esa calle, decirle a un extraño: “Acabo de salir de psiquiátrico, ¿en qué mes  estamos?”, anunciar a gritos las paradas en el metro, el autobús o el tren…

Al hacer estos ejercicios, las personas que nos rodean nos mirarán por encima del hombro, se alejarán de nuestro lado, pensarán que estamos locos o  se reirán de nosotros. Al principio es inevitable sentirse avergonzado, humillado y culpable, se trata de cambiar esas emociones por incomodidad, remordimiento  o pesar.  Para conseguir eso tendremos que convencernos enérgicamente de que la estima que nos podamos tener no depende de lo nuestros comportamientos ni de que los demás nos acepten o nos rechacen.

Algunos de nuestros actos pueden ser inadecuados o absurdos, pero eso no nos convierte en personas despreciables, nuestra valía radica en el mero hecho de existir, de ser únicos e irrepetibles y, por tanto, es inalterable, siempre valdremos lo mismo, a no ser que nos identifiquemos con nuestras conductas o con lo que piensan otras personas de nosotros, estoúltimo sería como dar a los demás un mando a distancia con el que pueden controlar nuestras emociones, si aprietan el botón del halago nos sentiremos como seres absolutamente geniales y, si por el contrario, pulsan el botón de la crítica nos veremos como auténticas piltrafas humanas.

El valor del señor que anunciaba en voz alta los números en el hospital, no se ha visto en absoluto afectado por llevar a cabo un acto disparatado ni porque los demás puedan pensar que estaba un poco locuelo. Ni él ni nadie es un ser ridículo por eso, para ser una persona ridícula, todos y cada uno de sus actos tendrían que ser vergonzosos y, también debería carecer de la capacidad de comportarse de otra forma. 

Es recomendable aceptarnos como individuos falibles, con muchas limitaciones,que a menudo se equivocan, que actúan de manera inadecuada y que no siempre consiguen agradar a todo el mundo,porque de este modo evitaremos sentiremos ansiosos ante la posibilidad de fallar o cuando nuestra imagen corra peligro ni nos autocastigaremos cuando cometamos un error, sino que procuraremos no repetirlo en el futuro. Además, no perderemos el tiempo buscando desesperadamente la aprobación social porque sabremos que somos valiosos solo por existir y no necesitaremos que nadie nos lo confirme.

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REFLEXIONES DE JULIO: NOSOTROS NOS QUEDAMOS

Al terminar la clase de boxeo todos nos quedamos hablando, unos en el baño, otros cambiándose, otros recogiendo las colchonetas… pero de repente vi unos chicos cargando unos cajas, lámparas, subiendo por las escaleras… “¿Pero qué están haciendo estos?” me pregunté. Al subir las escaleras del ateneo, en la puerta de entrada me encontré a Juan de 8 años y su madre Charito con los ojos rojos de llorar. La furgoneta de uno de los padres de un niño que viene a boxeo estaba aparcada afuera, y los chavales estaban ayudando en la mudanza, cargando todo lo que le había quedado del piso de donde la echaban.

Los chicos siempre están de broma, vacilando, de juerga… pero de repente, se habían acabado las bromas, los vaciles, la juerga adolescente… como si viendo la cara de susto del niño de 8 años, los ojos rojos de llorar de la Charito, y la furgoneta que transportaba lo que había quedado del desahucio… les hubiese dejado mudos, como si se hubiesen dicho “Hostias, esto va en serio”… y todos, absolutamente todos los chicos que habían terminado la clase de boxeo comenzaron a ayudar con la mudanza, sacaban cosas de la furgoneta y las subían a la habitación de arriba, donde se instalaría la Charito con su hijo. Nadie reía, ni gastaba bromas, los chavales estaban completamente serios.

Les dije a los más pequeños;

-Ya podéis iros, no os preocupéis, ya lo terminamos nosotros

-No Julio, nosostros nos quedamos

Muchas personas, dentro de los movimientos sociales, me han criticado por no enseñar o educar a los chicos en la “doctrina” anticapitalista, en la injusticia del sistema, en la conciencia de clase…

Pero para mí, las injusticias deben ser vividas, no leídas. ¿Por qué explicar en una pizarra lo que se puede explicar, ver, sentir, vivir… en la vida misma?

Ver a una madre llorando con su hijo de 8 años, desorientados y asustados mudándose a vivir a una habitación en un local… habla por si solo. Creo que jamás olvidarán los chicos lo que significa y lo que conlleva la palabra “desahucio”.

REFLEXIONES DE PILAR G: EL EGOÍSMO SEGÚN ANTHONY DE MELLO

Seguramente muchos de vosotros sepáis quién es Anthony De Mello (Bombay 1931-Nueva York 1987), para los que no hayáis oído nunca hablar de él, os diré que además de sacerdote jesuita, fue uno de los mejores terapeutas cognitivos de la historia de la psicología.

Hoy me gustaría compartir con vosotros la particular y, a mi juicio, acertada visión que Anthony De Mello tenía sobre el egoísmo, para ello he extraído algunos fragmentos de una conferencia en la que trató este tema.

En su exposición hay algunas ideas muy interesantes, pero yo destacaría sobre todo una: todos intentamos satisfacer nuestro propio interés y, por tanto, buscamos cosas que nos hagan sentir bien, pero no a todos nos producen placer las mismas cosas. Hay quienes encuentran una gran satisfacción haciendo algo bueno por los demás, pero se equivocan si desprecian y tachan de egoístas a los que no actúan de ese mismo modo, o si se consideran superior a ellos. No olvidemos que nadie es más valioso que nadie por muy buenos que sean sus actos. 

Estas son las palabras de Anthony De Mello acerca del egoísmo:

“Hay dos tipos de egoísmo, el primer tipo es el que consiste en darme gusto de darme gusto, eso es lo que generalmente llamamos egoísmo. El segundo tipo es el que consiste en darme el placer de agradar a los demás. Éste sería un tipo más refinado de egoísmo. El primero es muy obvio, pero el segundo está oculto, muy oculto, y por eso es más peligroso, porque llegamos a pensar que realmente somos maravillosos. Pero, al fin y al cabo, tal vez no seamos tan maravillosos.

(…) Ordinariamente todo lo que hacemos es en nuestro propio interés. Todo. Cuando usted hace algo por amor a Cristo, ¿es eso egoísmo? Sí. Cuando hace algo por amor a alguien, lo hace por su propio interés. Tendré que explicarlo: Imagínese que usted vive en Fénix y que alimenta a más de quinientos niños todos los días. ¿Lo hace sentirse bien? ¿Acaso esperaría que lo hiciese sentirse mal? Pero a veces ocurre. Y ello se debe a que algunas personas hacen cosas para no sentirse mal. Y llaman a esto caridad. Actúan por sentimiento de culpa, eso no es amor. Pero a Dios gracias, usted hace las cosas por la gente, y eso le parece agradable. ¡Maravilloso! Usted es un individuo sano porque actúa en su propio interés, eso es sano. 

Resumiré lo que estaba diciendo sobre la caridad sin egoísmo: Dije que había dos tipos de egoísmo; tal vez debiera haber dicho tres. El primero es cuando me doy el gusto de darme gusto; el segundo es cuando me doy el gusto de agradar a los demás. Uno no debe enorgullecerse de eso; no debe creerse una gran persona; es una persona muy ordinaria, pero tiene gustos refinados, sus gustos son buenos, no la calidad de su espiritualidad. Cuando era niño, le gustaba la Coca- Cola, ahora es mayor y le gusta la cerveza fría en un día caluroso. Ahora tiene mejor gusto. Cuando era niño le encantaban los chocolates; ahora que es mayor le gusta una sinfonía, le gusta un poema. Tiene mejor gusto. Pero de todas maneras, está obteniendo su propio placer, con la diferencia de que ahora se trata del placer de agradar a los demás. Luego está un tercer tipo, que es el peor, cuando uno hace algo bueno para no sentirse mal. Lo detesta, está haciendo sacrificios por amor, pero se queja. ¡Ah! Que poco se conoce a sí mismo si cree que no hace las cosas de esta manera.

Si me dieran un dólar cada vez que hago cosas que me hacen sentirme mal, sería millonario. Ustedes saben cómo es:

-¿Podría conversar con usted esta noche, padre?

-Sí, ¡por supuesto! No quiero conversar con él y odio hacerlo. Quiero ver ese programa de televisión esta noche, pero ¿cómo le digo que no?  No tengo el valor para decirle que no. “Por supuesto”, y estoy pensando: “¡Dios mío y ahora tengo que aguantármelo!”.

(…) Ése es el peor tipo de caridad, cuando uno hace algo para no sentirse mal. No tiene el valor de decir que no quiere que lo molesten. ¡Quiere que la gente piense que es un buen sacerdote! (…). Si somos nosotros los que lastimamos, los demás pensarán mal de nosotros. No nos apreciarán, Hablarán contra nosotros y eso ¡no nos gusta!

(…) Todo lo que hacemos está tocado de egoísmo. No es fácil oír eso. Pero piensen por un minuto, profundicemos un poco más en eso: Si todo lo que ustedes hacen proviene del egoísmo – ilustrado o no- ¿cómo los hace sentir eso a ustedes con respecto a su caridad y a todas sus obras buenas? ¿Qué les pasa a ellas? He aquí un pequeño ejercicio: Piensen en todas las buenas obras que han hecho o en algunas de ellas (porque sólo les voy a dar unos pocos segundos). Ahora comprendan que realmente surgieron del egoísmo supiéranlo ustedes o no. ¿Qué le pasa a su orgullo? ¿Qué le pasa a su vanidad? ¿Qué le pasa a esos agradables sentimientos suyos, a esa palmadita de felicitación en la espalda cada vez que hizo algo que lo hacía sentir tan caritativo? Todo queda aplastado, ¿no es así? ¿Qué le pasa a ese sentimiento de superioridad frente a su vecino a quien usted consideraba tan egoísta? Todo cambia, ¿no es verdad?”

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REFLEXIONES DE XISCO: EL SABER ES PELIGROSO… ¡TRANSFORMA!

Cuando hablo de  “ saber” no me refiero al sentido convencional del término mediatizado como conocimientos adquiridos , saber libresco, disciplinas académicas o cultura en general . El “ saber” que voy a enumerar aquí , en este esbozo salpicado de  savia tinta negra , está atravesado por una sublime recepción de aquella o aquél que , independientemente de si sabe deletrear el abecedario o no , ha construido ( está continuamente edificando en su estructura ) una posición de saber cómo no quedarse dormida o dormido cuando desde las torres de refrigeración de la ciudadela  sutilmente están gaseando opio incoloro , inoloro e insonoro. El “ saber “ que voy a vestir con palabras no es el del sabio ni tiene que ver con la “ sabiduría “ . Este saber se acerca más a la posición del oyente que escucha , pues precisamente porque sabe puede dejar de hablar por unos instantes y ponerse a la escucha , a la paciente e incansable postura de abrir los oídos ante el otro , la otra  , y sobretodo , hacia el insoportable rumor de la existencia.

–         Saber que tu tiempo tiene un límite , te transforma.

–         Saber que , en bastantes ocasiones , el cuerpo está expresando a través del dolor un conflicto psíquico que está por elaborar . El cuerpo habla ( en síntomas ) cuando una no se escucha a sí misma.

–         Llegar a saber que los opuestos no son contrarios sino complementarios.

–         Saber que el rechazo vuelve más fuerte aquello que es rechazado.

–         Llegar a saber que tu peor enemiga o enemigo eres tú misma.

–         Saber que si te aceptas a ti misma o a ti mismo tal cual eres , entonces el trabajo terapéutico está concluido y puedes dedicar lo que te  resta de vida a divertirte.

–         Llegar a saber que el Universo no se ha creado para ti , sino que tú eres una minúscula parte de él y existes para enriquecerlo.

–         Saber que el camino hacia el éxtasis pasa por no añadir años a la vida sino vida a los años desde este mismo instante.

–         Llegar a saber que una existencia solitaria pero firme  aporta una dignidad al ser humano que jamás podrá adquirir aquél o aquella que se hace a sí misma súbdita del Deseo de otro.

–         Saber que estamos atravesados por el lenguaje , por la biología, por la ideología institucional , por las costumbres , la tradición , nuestros padres , y sobre todo por la moral . Saber que cuando naces ya estás incardinado en una forma de vida que te moldea y te provee de una manera de pensar y de actuar , que se llama lenguaje, te puede transformar.

–         Llegar a saber que las palabras curan , que tienen el don de la sanación , el poder , la gracia de moldearte , te transforma.

–         Saber que no podrás alcanzar la felicidad si no dispones de libertad.

–         Llegar a saber que no eres exclusiva o exclusivo , que no eres imprescindible , que no eres permanente , ni perfecta , te transforma.

–         Saber que nunca vas a ser completa o completo , que siempre habrá una falta en ti , te puede transformar.

–         Llegar a saber que la ideología institucional te está quitando tiempo , o mejor dicho , que tú estás echando una buena parte de tu tiempo al fondo perdido cuando te crees el mensaje tácito del sistema socioeconómico que te empuja a ser más productivo , a trabajar más , a disponer de más años de cotización y menos de jubilación , te transforma.

–         Saber que los verbos ser y estar no van con nosotros , pues no dicen nada de nuestra esencia . No sólo somos nada porque sí sabemos que del polvo venimos y al polvo volveremos , sino que asimismo las prisas nos impiden estar sentados  o de pie sobre nuestra existencia , ya que al mismo tiempo que nos posicionamos para hacer presencia del aquí y del ahora , nuestros pensamientos ya están preparando lo que vamos a hacer a continuación . Así , el presente se nos escapa, y continua conservando su naturaleza escurridiza, cuando lo cogemos con una mano se nos escapa entre los dedos.

–         Llegar a saber que el mundo seguirá en movimiento cuando tú ya no estés aquí.

–         Saber que nuestro carácter inventa nuestro destino.

–         Llegar a saber que no podemos ir en contra de la realidad de la vida sino es a costa de salir derrotados.

–         Saber que no disponemos de tiempo para realizar todo lo que deseamos.

–         Llegar a saber que podemos desperdiciar la única existencia con la que estamos dotados.

–         Saber que cuando rechazas algo entonces estás viviendo una vida a medias , estás rasurando la mitad de tu existir.

–         Llegar a saber que aunque el otro te estafe, te zancadillee o te joda , ahí se está jugando buena parte de tu responsabilidad en tu ingenuidad por dejarte estafar. Tienes buena parte de responsabilidad por quedarte dormida o dormido.

–         Saber que la existencia no tiene lógica y nosotros demasiada.

–         Llegar a saber que el sentido de la vida es que no tiene sentido . El sentido de la vida será el que tú construirás , inventarás y pondrás en funcionamiento para cincelar tu obra de arte.

–         Saber que no somos una tábula rasa porque el cuerpo , la biología , los instintos poseen un saber atesorado desde hace miles de años a través de coacciones , necesidades , hábitos , repeticiones, Deseo, conflictos, hambrunas, guerras , amores , dolores y placeres . Y por supuesto tener bien presente que sobre este equipaje pulsional e instintivo y sobre los condicionantes familiares , sociales , lingüísticos y morales , todo lo demás está aún por construir, por modelar  un sentido , que siempre será inventado , creado, imaginado e interpretado.

–         Llegar a saber que la experiencia te enseña porque mediante el transcurrir de la vida acumulas sensaciones de placer y dolor que te permitirán aprender a vivir sola , solo.  Si de verdad quieres llegar a hacerte dueñ@ y señ@r  de ti  mism@ no llegues , no prepares , no abras la puerta a conclusiones precipitadas.

Porque enseñar a vivir no es posible , a vivir se aprende , no se enseña.

Xisco Forteza (Noviembre 2015)

REFLEXIONES DE JULIO: GRACIAS HK


Cuando me enviaron el mensaje me quedé helado; “cierran el HK”. Todos los chavales del barrio me empezaban a enviar wasap; “¡¡cierran el HK!!”, “¿Qué ha pasado?”, “¿Por qué?”… Y yo no sabía que contestar; ¿El nuevo gimnasio en el barrio de las cadenas “low cost”? ¿La gran multinacional comiéndose a la tienda del barrio?

Siendo socio del HK desde los 18 años, yo también fui chaval en este gimnasio… siento una enorme pérdida con este cierre. Sin el HK nos quedamos huérfanos. Porque el HK es el sol, y los proyectos de boxeo de barrio con chavales, chavalas, asociaciones… somos sus satélites. Todo empezó en el HK, y hoy nos quedamos sin la madre, sin el padre.

¿Por qué después de haber pasado años me siguen preguntando los chavales, las chavalas por Cristian, Nano, Paco, Rex…? Pues porque para ell@s fueron SIGNIFICATIVOS. Significaron algo en sus vidas.

Es de necios confundir valor y precio” decía Machado, y no sé si el precio de mercado del HK como negocio es bueno o malo. Pero su valor para mí, los chavales y chavalas del barrio es incalculable ¿Cómo se calcula el valor de las vidas de estos chicos, de estas chicas, que gracias al HK y al boxeo fueron apartados de…?

Desde aquí GRACIAS a todos los trabajadores del HK, que han hecho un trabajo increíble con la chavalada del barrio, un trabajo que a mi parecer ha pasado injustamente desapercibido, pero que ha sido un trabajo buenísimo, desde la cercanía, la implicación, la escucha…

Siempre que la gente se pone pesimista sobre el mundo les digo; “el BIEN es mayoría, pero no se nota porque es muy silencioso”. Y así ha sido el trabajo de Paco, Cristian, Nano, Rex… muy desapercibido, muy silencioso, pero tremendamente bueno.

Gracias HK por todos estos años, por abrirnos las puertas a nosotr@s, tan acostumbrados a que nos las cierren. Mil gracias

Julio

REFLEXIONES DE DAVID M. : MI RUTINA DEL DEBATE

Hola chic@s:

         Hoy me gustaría compartir con vosotros el método de trabajo mental diario que me aplico. Le he añadido tan sólo dos puntos más con respecto a la rutina del debate que explica Rafael Santandreu en sus libros (aunque sí que estos puntos están explicados sobremanera dentro de sus libros), porque a mí me ayudan a convencerme todavía más de que necesito muy poco para estar súper bien!!!!

         Por supuesto, es algo muy personal, y que cada uno use el que más le funcione.

A. Acontecimiento

Cuando sufrimos exageradamente, creemos que tenemos ciertas carencias que nos impiden ser felices. En este punto se trata de ver el hecho del que nos estamos quejando. P. ej.: no tengo pareja.

C.1. Emociones negativas exageradas

Nuestra emoción con respecto a no tener pareja puede que sea depresión.

Relación B-C

Aquí es cuando nos damos cuenta de que nos estamos engañando con respecto al causante de nuestro sufrimiento: no es el hecho de no tener pareja el que nos deprime, sino NOSOTROS MISMOS, NUESTROS PENSAMIENTOS al respecto.

Para darnos cuenta de esto, no podemos hacer cuatro preguntas fáciles y rápidas:

¿He sido yo feliz sin pareja?

¿He estado todavía más infeliz sin pareja?

¿Hay personas sin pareja y muy felices?

¿Hay personas sin pareja y que están aún mucho peor?

En todos los casos la respuesta es sí, por lo que ha quedado súper demostrado que es nuestra interpretación del hecho de no tener pareja, y no el hecho en sí, lo que hace que estemos mejor o peor a nivel emocional, pues diferentes personas tienen diferentes emociones respecto a un mismo hecho. Incluso las mismas personas tienen diferentes emociones en diferentes momentos de sus vidas.

Por lo tanto, en el trabajo mental diario lo que vamos a trabajar serán nuestros pensamientos.

B1. Creencia irracional

Llegados a este punto, sacar la creencia que nos hace estar tan mal es sencillo.

En algún curso que he hecho, usaban un método que era visualizar aquello que tememos y estar atentos al pensamiento que nos vendrá: “no lo soporto”, “estoy acabado”, “soy un mierdas”,…

No lo veo mal, pero a mí me parece mucho más sencillo y eficaz sacarla por lógica. Me explico. Hay un capítulo en “el arte de NO amargarse la vida” de Rafael Santandreu, el capítulo 23, últimas instrucciones, en el que se encuentra el apartado de los niveles de profundidad. Rafael cuenta la historia de que un amigo suyo siempre expresaba en público que “el dinero no determina ni la felicidad ni la valía de las personas”. Sin embargo, este amigo de repente se sintió con mucha vergüenza por tener que invitar a su cuñado rico a su pequeño y humilde piso. Por lo tanto, es imposible pensar “me gustaría ser rico, pero no lo necesito nada” y sentir tanta vergüenza: eso es porque REALMENTE pensaba que “necesito ser rico y exitoso, es algo esencial, y si no no lo puedo soportar

Por otro lado, es imposible que pensemos “me encantaría tener pareja pero sino yo puedo ser súper feliz” y sentirnos deprimidos. Eso es porque nos estamos diciendo REALMENTE que “necesito pareja y si no la consigo estoy acabado“.

Ventajas de pensar racionalmente

Antes de empezar a argumentarnos a favor de la nueva creencia mucho más realista y constructiva, pueden surgir algunas resistencias que nos impiden siquiera ponernos a trabajar para cambiar esa creencia.

Rafael habla en su libro “el arte de NO amargarse la vida” de su ex-paciente María, quien a pesar de estar de acuerdo en que estaba exagerando su situación -estaba terribilizando- llegó muy muy enfadada a la siguiente sesión porque pensaba que con esta nueva forma de pensar Rafael la estaba convirtiendo en una pasota. Es decir, pensaba que su forma de pensar era perjudicial, pero el quitarse la terribilitis sería aún peor, se convertiría en una pasota, cuando eso no es verdad, pues lo mejor ocuparse de la cosas pero sin preocuparse.

Por otro lado, me he dado cuenta de que este punto es muy importante trabajarlo para eliminar algunas creencias irracionales INMATERIALES muy enquistadas. Incluso aunque el apartado de los argumentos es lo más importante en el trabajo mental, pues esta es una terapia de argumentación, para estas creencias tan enquistadas, este apartado, bajo mi experiencia, es igual de importante. Por ejemplo, en la necesititis de amor, algunas personas piensan que el buen amor es el “sin ti yo muero” o “sin ti no pudo ser feliz”. Cuando se les dice que es mejor “amar sin necesitar”, de repente se les enciende el pensamiento blanco o negro: “o el amor es algo súper esencial o me convierto en un ser despreciable que no le importa nada ni nadie.” Entonces hay que explicarles que no, que se puede amar, y muchísimo, pero que no necesitas a nadie” De esta forma, cuando no lo tienes, no sufres, y cuando lo tienes, lo disfrutas un montón y todo fluye mucho mejor (lo peor es que antes, aún teniendo amor, sufrías una barbaridad, pues siempre existe la posibilidad de perderlo, luego le dabas contínuamente la bienvenida a la ansiedad y a los celos, y porque olvidabas que la felicidad está en tu interior).

Estos dos posts que escribí, aclaran mejor este punto:

http://www.rafaelsantandreu.es/el-blog-de-rafael/reflexiones-de-david-m-me-estare-volviendo-pasota-irresponsable-y-egoista-con-la-trec/

http://www.rafaelsantandreu.es/el-blog-de-rafael/reflexiones-de-david-m-ojo-con-las-necesititis-inmateriales-que-no-os-vendan-la-moto/

Argumentación

Es el punto más importante con diferencia.

Esta es una terapia de argumentación, no un ejercicio de repetirnos las cosas como un lorito. Hay que estar convencidos de nuestras nuevas creencias muy profundamente para que nuestras emociones acompañen. Para ello, tendremos que usar muchos argumentos realistas y constructivos. Hay un montón. Por lo tanto, este punto es el más importante con diferencia. Tampoco es un ejercicio de pensamiento positivo. No todo va mejor y mejor, sino que aunque haya algunas cosas que no funciones, yo todavía puedo ser feliz.

No voy a escribir argumentos en este post, porque en el próximo quiero hablar específicamente sobre ello, pero básicamente, son miles de pruebas REALISTAS de que necesitamos muy poco para estar bien.

B2. Creencia racional

Aquí sólo se trata de formular una creencia racional de la manera más realista posible: “me gustaría tener pareja pero sin ella todavía puedo ser súper feliz”. Ya nos hemos convencido de ella en los anteriores puntos, sobre todo en el de argumentación, y si es así, veremos como nuestras emociones acompañan. Nuestras emociones son la prueba del algodón, jaja.

C2. Emociones negativas moderadas, armonía y alegría.

Algo de emociones negativas vamos a tener siempre cuando surjan los hechos negativos. La diferencia es que al abandonar el malestar tan desbordante que teníamos, nos vamos a levantar súper pronto (vamos, que estas emociones negativas serán suaves y muy cortas) y, sobre todo, todo ese tiempo que malgastábamos en quejarnos por las cosas que no funcionaban, lo usaremos para APROVECHAR NUESTRAS OPORTUNIDADES CON PASIÓN Y TRANQUILIDAD!!!

Anexo: visualizaciones racionales

Aunque la rutina del debate es lo más importante, si le añadimos las visualizaciones racionales (peor escenario y otras), la potencia del trabajo mental se multiplica. Incluso podemos visualizar todos los puntos de la rutina del debate y así hacerlo más efectivo y divertido.

Posdata: el pasado Congreso

Es verdad que se necesita muy poco para ser feliz, pero cuando uno tiene cosas buenas, se aprecian, y el este pasado Congreso fue una de ellas. Lo pasé súper bien, conocí gente muy muy maja, aprendí un montón de psicología de unos conferenciantes muy inspirados y hasta me eché unos bailes, jaja. ¡Muchas gracias! Y el siguiente Congreso, ¡a tope de nuevo!

REFLEXIONES DE MONTSE: CENICIENTA 3.0

“Yo sólo quiero un poquito de lo que todo el mundo tiene: encontrar un hombre que me quiera y me proteja, con el que tener hijos y construir un hogar estable en el que me sienta segura. Me da igual no ser independiente, lo que quiero es ser feliz. ¿Acaso pido demasiado?”.

Estas palabras pronunciadas por una mujer en sus cuarenta constituyen un lamento cuya frecuencia debería resultar sorprendente en una época que, -virtualmente- brinda igualdad de oportunidades a todos los seres humanos para desarrollarse personal y profesionalmente. En el marco de la consulta psicológica no se trata de una expresión insólita, muy al contrario, mujeres de todas las edades, -muchas en la veintena-, admiten albergar dentro de sí una esperanza que no siempre se atreven a manifestar abiertamente. Y aun es más frecuente el número de mujeres que se comportan de acuerdo a esa creencia sin ser conscientes de ella. Unas y otras sufren. En ambos casos existe un deseo, –explícito o no-, experimentado como una imperiosa necesidad que, de no cumplirse, las abocará a lo que temen: una vida de desamor, soledad y frustración. Las mujeres que piensan así ni siquiera se plantean que, aun encontrando la relación por la que suspiran, ésta podría no tener un final feliz. En muchos casos rechazan a hombres fantásticos porque no acaban de encajar con el ideal de príncipe que está en su mente.

Desear una vida familiar es muy lícito. Exigir que esa vida sea la proveedora exclusiva y permanente de estabilidad, seguridad y felicidad es una ingenuidad propia de los cuentos de hadas. El miedo subyacente a esa manera de pensar va mucho más allá del temor a ser tildadas de ingenuas, se trata de miedo a la independencia, miedo a desarrollarse como seres humanos, a ser plenamente responsables de sus vidas, únicas creadoras de sus éxitos y únicas víctimas de sus fracasos, libres de decidir cómo, dónde y con quién quieren compartir su vida. ¿De dónde procede ese miedo?

Para ser libre hay que ser independiente. Y a la inversa. La libertad de la que estamos hablando aquí viene dada principalmente por la independencia emocional y financiera. La independencia consiste en la libertad de escoger los valores que nos permitirán, -por ejemplo-, vivir solos o acompañados según prefiramos en cada momento de nuestra vida. Para ser libres e independientes hay que pensar como personas libres e independientes. La manera de desenvolvernos, decidir y actuar en el entorno se corresponde siempre con nuestros valores; la sabiduría o la insensatez en que éstos se basen darán lugar a resultados emocionales acordes. Una persona dependiente jamás se comportará como un individuo libre.

Es absolutamente anacrónico, inflexible, injusto y extremadamente doloroso supeditar nuestra felicidad a otra persona. Nuestra felicidad y también nuestra prosperidad. A veces hay que invertir los términos para darnos cuenta de lo surrealista del tema: jamás un muchacho se ha planteado que necesita encontrar una jovencita que le solucione la vida; nunca una jovencita ha crecido convencida de que tendrá que seguir manteniendo a aquellos chicos con los que haya contraído un vínculo legal aunque ya no conviva con ellos. Aunque formulado así nos parezca grotesco, la triste evidencia es que tales extremos existen en sus acepciones originales y que sólo conducen en uno y otro caso al estancamiento, a la inacción y por empatía a la indefensión, incapacidad y menoscabo de la propia estima. El que sabe que tendrá que arreglárselas para sobrevivir si se cae a una piscina, aprende a nadar. El que no se ha planteado aprender a nadar siempre encuentra alguna excusa que justifique su grito de socorro, y si nadie acude, simplemente se hunde. En un paisaje como este no es de extrañar que muchos hombres sientan “miedo al compromiso” y muchas mujeres sientan “miedo a la libertad”; han establecido una relación coste/beneficio que socava sus posibilidades.

El impacto de los modelos socio-culturales con los que hombres y mujeres hemos crecido ha sido realmente cruel para nuestra generación. El legado de la sociedad de nuestros antepasados está absolutamente fuera de lugar y choca frontalmente con las necesidades actuales, necesidades reales y muy complicadas de satisfacer siguiendo unos esquemas mentales “prehistóricos”. Por si fuera poco el esfuerzo individual que tenemos que hacer para desprendernos de esa herencia, una cierta parte de la industria cinematográfica, musical, literaria, y de la moda, sigue contribuyendo a fomentar y sustentar prototipos que a fuerza de persistencia han arraigado en el subconsciente colectivo con tanta rotundidad que en muchos casos se aceptan como “normales”. Sólo tenemos que fijarnos en las conversaciones que mantienen grupos de hombres y mujeres (por separado) en los que tales estereotipos emergen con total espontaneidad y son fervorosamente alentados por los congéneres.

El sufrimiento actual de los hombres y mujeres atrapados en juicios arcaicos es fruto de un modelado que ha sobrevivido durante siglos. Hace sólo un par de generaciones que el ideario social otorgaba a las mujeres un único rol: el de amas de casa hacendosas, madres entregadas y esposas serviles. En un lapso de tiempo brevísimo las princesas se han despertado horrorizadas al comprobar que no pueden seguir ejerciendo el personaje para el que fueron educadas. Muchas de ellas de repente un día están solas, se encuentran divorciadas, con o sin hijos a su cargo; o solteras, bordeando la cuarentena desesperadas por satisfacer su instinto maternal; algunas volviendo de nuevo a trabajar tras un largo período de inactividad laboral; otras plenamente dedicadas al trabajo con jornadas que apenas les dejan tiempo para los hijos o para ellas mismas, y otras sin ni siquiera encontrar un trabajo digno con el que subsistir. Grandes dificultades con las que lidiar, sin duda. Pero lo más triste de esas situaciones es que muchas de esas mujeres siguen considerando que la solución definitiva pasa por acabar encontrando al príncipe que las redima.

Los “príncipes” tampoco se encuentran en una situación halagüeña. También ellos viven en pleno siglo XXI con las rémoras de una educación que les presupone cualidades, capacidades y fortalezas innatas. La realidad es muy distinta. Radicalmente distinta. Son muchos los hombres que permanecen estancados en un matrimonio infeliz porque su condición mental de “príncipe-protector” no les permite si quiera plantearse “abandonar” a los suyos, consideran un deber anteponer la protección de la pareja o de la familia a su propia felicidad. Se avergüenzan de desear tímidamente aquello para lo que fueron educados: ser independientes, o al menos libres para decidir si quieren serlo o no. En otros casos son muy conscientes de que permanecer en el hogar aun a pesar de que el vínculo con su pareja se haya extinguido les impide satisfacer el anhelo de iniciar una nueva vida: “Me iría si pudiese, pero no gano lo suficiente como para mantener a mis hijos, a mi futura ex-esposa y además seguir adelante yo solo”. Otros han optado por dejar el hogar convencidos de que permanecer en él sería una farsa, y luego se encuentran sin maniobrabilidad para manejar sus propias vidas porque una parte sustanciosa de su esfuerzo laboral está dedicada a subvencionar el pasado.

Las consecuencias del bombardeo cultural son demoledoras para ambos. No es que las mujeres quieran ser dependientes, es que al no haber sido educadas para la libertad se agarran desesperadamente a la antigua carroza ahora convertida en calabaza si al menos les provee de alimento. No es que los hombres quieran ser guerreros, es que se les ha educado para luchar por los demás y no se les permite ni flaqueza alguna ni mucho menos abdicar de sus responsabilidades para con la manada; si alguno tiene la tentación de darle una patada a la calabaza es probable que acabe ante los tribunales. Unos y otros somos víctimas de una impronta cultural de la que tal vez no podemos escapar colectivamente, pero sí individualmente. La multitud siempre está formada por individuos, la sociedad no es un concepto abstracto. Si cada uno de nosotros aporta su esfuerzo personal para cambiar los patrones de pensamiento y conducta lograremos una sociedad más saludable y justa. De nosotros depende contribuir a seguir manteniendo los principios obsoletos que nos han inoculado o bien decidir pensar, sentirnos y comportarnos como lo que realmente somos: personas, -independientemente del género-, con capacidades, iniciativas y potencial propios. Si no los hemos desplegado tal vez es porque, -instigados por la insensatez colectiva-, hemos escogido el camino fácil: “que lo haga el otro por mí”.

Es indudable que lo que hemos aprendido por absorción y por experiencia influye en nuestra manera de pensar y de actuar, pero eso no significa que sea categóricamente determinante y que no tengamos la facultad de modificarlo. No es sólo que podamos hacerlo, es que tenemos que hacerlo. Podríamos empezar por cambiar los “debería” que hemos heredado sobre el concepto de pareja. Deberíamos negarnos a pensar en nuestra pareja actual o futura como una prótesis sin la cual nunca podríamos seguir adelante; deberíamos negarnos a considerar nuestra anterior pareja como una parte de nosotros que nos ha sido extirpada y que nos es imprescindible para sobrevivir. Las parejas sanas, funcionales y por ende más felices son las que comparten la vida conscientes de que si la convivencia se acaba ambos seguirán adelante, tal vez con cierta pena, pero nunca con la convicción de haber caído en un abismo. Tampoco exigirán que la relación finiquitada se convierta en un lastre para la persona a la que han amado. Si nuestro ejemplo sirve de modelo para la futura generación, no sólo nos habremos despojado de las ataduras mentales propias, también dejaremos esa huella en nuestros hijos. Podemos acabar con Cenicienta y postergarla al único lugar que merece: el estante de los cuentos infantiles de la generación Disney.

El “Síndrome de Cenicienta” fue descrito por Colette Dowling en 1981 y tres décadas más tarde continua vigente. No se trata de un “diagnóstico” oficialmente reconocido, sino de unas pautas mentales que dirigen el esfuerzo de la mujer a la búsqueda del príncipe como dotador de felicidad aderezada con seguridad económica y emocional. El sufrimiento no sólo procede de la frustración de expectativas tan irrealistas, también hay un tremendo sentimiento de insuficiencia que emerge si no se consigue seducir al candidato escogido. Dowling identificó la dependencia psicológica de las mujeres que se sienten incompletas, frágiles, inseguras, asustadas, desnudas, incompetentes… sin la presencia de un hombre en sus vidas. Independientemente de que sean amas de casa o profesionales exitosas, estas mujeres son reacias a comprometerse con su independencia; la idea de ser autónomas les resulta abrumadora, les genera ansiedad pensar en resolver ellas solas los conflictos con los que puedan encontrarse; les hace sospechar que ser libres conlleva renunciar a su feminidad y se perciben a sí mismas como no-realizadas. Pero no es la naturaleza la causante de este desatino, es simple y llanamente falta de entreno debido a siglos de condicionamiento cultural que no les ha permitido ejercer su libertad.

También los príncipes actuales son víctimas de las limitaciones impuestas en el pasado. Se les atribuye la misión de suministradores de todo aquello que ellas son presuntamente incapaces de conseguir por sí mismas. Ellos siguen siendo “cavernícolas que salen a cazar”. Antes cazaban mamuts, ahora oportunidades de negocio. Su rol laboral ha cambiado en las formas, pero no en el fondo. Lo que ha cambiado en el fondo son las expectativas de lo que deben hacer cuando regresan a la cueva. Los que nunca han vivido solos es probable que no sepan cómo poner en marcha una lavadora puesto que su madre no consideró necesario enseñárselo (su padre tampoco sabía cómo hacerlo). Su compañera actual se desespera cuando ellos no tienen la predisposición o la iniciativa de llevar a cabo tareas domésticas a las que ellos no prestan atención porque su “programación mental” no ha sido diseñada para esos fines: “Mi mujer me considera un inútil, me mira con desprecio y me dice: deja, ya lo hago yo”.

“Príncipes” y “princesas” siguen existiendo. Me atrevo a afirmar que el Complejo de Cenicienta ha perdurado en el tiempo y que simplemente se han desarrollado actualizaciones del síndrome. Lo mismo podríamos decir respecto a los príncipes. En el entorno informático se utilizan las terminaciones numéricas para nombrar las actualizaciones de un programa y esas terminaciones acaban en “.0” cuando se refieren a una versión realmente novedosa. Utilizando la nomenclatura informática os presento una visión personal sobre la evolución del síndrome de Cenicienta.

Cenicienta 1.0: La Cenicienta de Disney nos muestra al príncipe como el benefactor que colmará las necesidades de la jovencita desvalida, explotada por su madrastra y condenada a una vida desgraciada y servil para la que no hay salida si la suerte no llama a su puerta. Las especificaciones del príncipe son claras y su valor funcional indiscutible: tiene las prestaciones necesarias para resolverle la vida a la chica convirtiéndola en princesa. El príncipe es el bien soñado por todas las jóvenes, es la mejor adquisición posible, si fuera un detergente sería “el que lava más blanco”. ¿Quién se quedará con él? ¿Cuál será la jovencita digna de vivir en palacio? La respuesta es clara: el Palacio había invitado al baile a todas las muchachas del reino y consecuentemente, se quedará con el príncipe aquella a la que le encaje perfectamente el zapato de cristal. Cualquier mujer con un pie demasiado grande no es merecedora de esa suerte.

Cenicienta 2.0: Pretty woman da una vuelta de tuerca al asunto. Ahora la historia es mucho más creíble. En la película queda patente la conexión emocional que se va estableciendo entre ellos a medida que se conocen, algo que ni siquiera se consideraba primordial en la Cenicienta original. Los personajes no pertenecen a un reino de fantasía, viven en el mundo real. El príncipe ya no está legitimado por su linaje sino que es mucho más asequible a todos los públicos: un apuesto millonario que casualmente circula por la misma calle en la que la princesa ejerce su profesión. Una profesión que naturalmente no desea, sólo le permite a duras penas subsistir. Ella sigue emitiendo el mensaje de que necesita ser rescatada. Sus maneras son impropias de una princesa pero susceptibles de ser pulidas con la ayuda del gerente del hotel que ejerce de hada madrina. Él es una versión muy mejorada del príncipe anterior puesto que sus méritos son fruto del esfuerzo de haberse hecho a sí mismo. Las jovencitas de los años noventa probablemente no soñaban con viajar en carroza, pero la película les recordó que su príncipe puede aparecer a bordo de un deportivo deslumbrante cuando menos se lo esperen.

Cenicienta 3.0: Con 50 sombras de Grey alcanzamos una nueva etapa en la que los valores se suman a la satisfacción de los protagonistas. El príncipe original transformado en millonario se nos presenta ahora como un hombre que tiene los mismos atributos que los anteriores y además da a la princesa la posibilidad de exorcizarle de sus sombras. Grey es el príncipe perfecto, sus bondades satisfacen las carestías económicas, profesionales, familiares, intelectuales, eróticas y hasta espirituales. Colma todas las necesidades, todos los deseos y para no dejar puntada sin hilo, al final de la historia provee a la princesa de una descendencia a la altura de las circunstancias. Aunque ella muestra algún atisbo de auto-confianza, esta se desvanece cuando se atormenta debatiéndose entre lo que desea y teme a la vez. Pensar en su amado como un ser con sus propias miserias (aunque sólo sean psicológicas), -que ella pretende ayudarle a disipar-, confiere al príncipe una debilidad que los anteriores no tenían. Los personajes de esta historia querrán ayudarse mutuamente, pero lo que cada uno puede aportar a la relación sigue conservando las características primigenias. Menos mal que juntos contribuirán a hacer del mundo un lugar mejor.

Aquí estamos. Con una larga sombra proyectada desde el edulcorado cuento de Disney que sigue abrazando los más recónditos anhelos de las cenicientas, ahora colmados por príncipes que según parece podemos encontrar a la vuelta de la esquina. El impacto de los tres formatos de Cenicienta se ha hecho omnipresente en la cultura popular y ha sido tan brutal que no sólo ha mantenido el mito, sino que lo ha potenciado hasta límites tan psicológicamente enfermizos como para que demasiadas personas sigan convencidas de que su bienestar llegará cuando “vivan del cuento”.

Montse Rovira

www.trecseo.com

REFLEXIONES DE MÓNICA: LA AUTOACEPTACIÓN INCONDICIONAL DE UNO MISMO

Hola amigos, hoy vamos a hablar de la autoaceptación incondicional, me gusta mucho la visión que da del asunto Walter Riso y para escribir este artículo me he basado bastante en cómo él explica este tema porque me parece que lo hace de una manera muy sencilla.

Antes de pasar con el artículo os dejo con dos frases que me encantan y que están relacionadas con lo que vamos a ver hoy:

– Amarse a uno mismo es una historia de amor eterno. Óscar Wilde

– Nadie puede hacerte inferior sin tu consentimiento. Roosevelt

Uno de los factores más importantes de la fortaleza emocional es la visión que tenemos de nosotros mismos, la conclusión de los especialistas es clara, si la autoestima no tiene suficiente fuerza abriremos la puerta más fácilmente a los problemas emocionales.

Si analizamos nuestro diálogo interno es impresionante las cosas que nos podemos llegar a decir a nosotros mismos, a veces cosas que no nos atreveríamos a decir ni a nuestro peor enemigo. Son muchas las ocasiones en las que no nos tratamos bien a nosotros mismos y eso nos hace débiles emocionalmente.

Una cosa es la autocrítica constructiva y otra la autocrítica perversa que nos golpea con contundencia y no nos deja avanzar.

La imagen que tenemos de nosotros mismos no está determinada genéticamente, sino  que es aprendida y cuando configuramos un auto esquema negativo sobre nuestra persona, este auto esquema nos acompañará toda la vida sino nos esforzamos para modificarlo.

La buena noticia es que podemos cambiar la visión que tenemos sobre nosotros mismos si nos esforzamos. La clave está en entender que nuestro valor como personas no está en lo que hacemos, en lo que tenemos o en lo que los demás piensen de nosotros, nuestro valor como personas es más profundo que todo esto.

Tenemos un valor como personas sólo por el hecho de existir y si ponemos nuestro valor en cosas externas en alguno u otro momento de nuestra vida experimentaremos el tener una autoestima baja y sufriremos. En cambio, si nuestro valor como personas está en nosotros mismos, en nuestra esencia, nos aceptaremos con nuestros errores y, no necesitaremos cosas externas para sentirnos bien ni daremos tanta importancia a la aprobación de los demás. La clave aceptarnos incondicionalmente sabiendo que todos somos imperfectos y aprovechar nuestros errores no para castigarnos sino para aprender y crecer. Juzgar nuestras conductas pero no nuestro ser.

Aceptarnos incondicionalmente nos permitirá:

– Incrementar las emociones positivas.

– Seremos más eficientes en las cosas que hagamos.

– Nos relacionaremos mejor con las personas.

– Podremos amar en libertad.

– Seremos personas más independientes y autónomas.

Los pilares para llegar a nuestra autoaceptación incondicional  son los siguientes:

– Auto concepto: ¿Qué pensamos de nosotros mismos?.

Tenemos que huir del autocastigo, la autocrítica y la autoexigencia indiscriminada. Trata de ser más flexible contigo mismo y con los demás, no seas perfeccionista, no etiquetes a los demás ni a ti mismo, no veas en ti mismo sólo las cosas malas, aprende a perder y a ponerte objetivos realistas.

– Autoimagen: ¿Qué opinión tienes de tu aspecto?

Descarta la perfección física y los criterios estrictos, descubre las cosas que te gustan de ti mismo y no magnifiques las que no te gustan, evita las comparaciones crueles, no te compares con los mejores ni con los que tienen más éxito. El aspecto físico no es tan importante, nuestra esencia va más allá del aspecto físico.

– Autoreforzamiento: ¿En qué medida te gratificas?

Saca tiempo para disfrutar, para las cosas que te gustan, activa el auto elogio y ponlo a funcionar.

– Autoeficacia: ¿Cuánta confianza tienes en ti mismo?

Elimina de tu vocabulario el no seré capaz, no seas pesimista ni fatalista sin fundamento, no predigas cosas terribles si no tienes pruebas, revisa tus objetivos, elimina los miedos irracionales y arriésgate.

Nos tenemos que respetar a nosotros mismos, empieza a ser amigo de ti mismo y quiérete!!!

Un beso a todos,

Mónica

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  • NOTICIAS INTERESANTES!!!!!!

    - AMIGOS NOTICIA MUY MUY IMPORTANTE!!! NOS MUDAMOS DE DIRECCIÓN ELECTRÓNICA, A PARTIR DE AHORA NOS ENCONTRARÉIS EN: Tertulias Escuela de Felicidad
    VENGA A MEMORIZAR EN VUESTROS EXPLORADORES NUESTRA NUEVA DIRECCIÓN!! a partir del 29 de diciembre de 2015 nos encontraréis a todos en esta nueva dirección. Disculpad las molestias!

    - En breve colgaremos la documentación de nuestro segundo Congreso!!

    - Ya tenéis en el apartado "Secciones" de la derecha del blog toda la documentación, audios, fotos y vídeos de nuestro Primer Congreso de Escuela de Felicidad que se realizó en Barcelona, el 24 de mayo de 2014.

    - Próxima tertulia en León: el 16 de diciembre de 2015 a las 21:00 horas en Academia Alcos. Calle Pablo Díez número 12 (esquina con Cardenal Cisneros, frente a la UNED), León. Coordinador Luís: lant.sanmillan@icloud.com

    - Próxima tertulia en Palma de Mallorca: el 15 de diciembre a las 19:00 horas en la Librería Agapea, calle Marqués de la Fontsanta 6, Palma de Mallorca. Coordinador Kiko: tertulias.edf.palma@gmail.com

    - Próxima tertulia en Guareña, Badajoz: el 19 de noviembre de 2015 a las 19:00 horas en la Biblioteca Municipal de Guareña. Coordinadora Pilar: wegi2980@hotmail.com

    - Próxima tertulia en Cádiz: el 11 de diciembre de 2015 a las 18:30 horas en la Calle Fernández Ballesteros núm 2, entreplanta (esquina Paseo Marítimo a la altura de la Residencia). Coordinadora Montse: tertulias.edf.cadiz@gmail.com

    - Próxima tertulia en Albacete: el ... de 2015 a las 18:30 horas en el Café Época situado en la C/ Rosario 35 de Albacete. Coordinador David: msgmaimo@gmail.com

    - Próxima tertulia en Barcelona: el 21 de diciembre de 2015 a las 19:00 horas en el Centro Cívico Can Déu de la Plaza de la Concordia, Barcelona. Coordinadora Mónica: tertulias.edf@gmail.com

    - Próxima tertulia en Málaga: el 11 de diciembre de 2015 a las 17:30 horas en la Asociación de Vecinos "Tiro de Pichón" (barrio de Tiro de Pichón), calle Río Távora número 2 de Málaga. Coordinador Miguel: tertuliamalaga2012@gmail.com

    - EL CLUB DE LOS BUENOS DESEOS